Cómo comenzó todo.

De truchas y
ropa interior.

Los dorados años cincuenta. Austria entra en el Consejo de Europa, Grace Kelly brilla en blanco y negro a través de las pantallas de televisión y Bing Crosby suena a través de los receptores de onda corta. Los nombres que más se oyen en Alemania son Karl, Oskar, Ilse o Gertrud, y la gente se sacude con orgullo el polvo de los hombros ante el avance de la reconstrucción, mientras se habla del milagro de Berna sentado en un sillón de cóctel.

A mediados de esta bonita década, un tal Karl (fabricante de ropa interior de Lustenau) está sentado pescando en el Bregenzer Wald con su amigo Oscar (un industrial del acero). Tienen mucho tiempo para charlar, pues la pesca es lo que tiene. Como suele ser habitual en Vorarlberg, conversan mucho sobre los negocios. El cónsul Oscar Merz-Meyer sugiere a su amigo el Dr. Karl Fulterer que abandone su negocio de ropa interior y que se dedique mejor a la (mucho más lucrativa) industria de la transformación del acero.

Al Dr. Karl, tan hábil para los negocios, le pica el gusanillo y, aparte de las tres grandes truchas que captura ese día, tiene la sensación de que hay muchos más peces gordos por pescar: ese mismo año constituye su nueva empresa y en lo sucesivo produce guías para cajones.